FELIZ DIA DE LA MADRE 2012

Esto que escribo hoy es algo muy mío, muy personal. Es un pedacito de mí que pude ver hoy gracias a que por una parte necesite y quise verlo, y por otra a la compañía de un buen amigo y maravilloso escucha que humildemente acepto mi petición de ayuda. Esto habla únicamente de mi y decidí publicarlo en mi diario de madre profesional porque bueno… es mi diario y si no puedo escribir en el sobre mi, ¿entonces donde? Les pido que me lean con amor y si por algún azar de la vida les sirve mi experiencia de algo, me alegraría.

Todo empezó con un episodio reciente que reavivo en mi una furia que muy bien conozco. Un episodio entre mi mama y yo en el que lo que yo sentí una vez mas fue la rabia que me producía el no recibir de ella algo que por alguna razón yo creía que ella debía darme, que yo deseaba y necesitaba recibir de ella en ese momento y que me sentía en todo mi derecho de exigir, y que ella se negó a darme.

Tras compartir mi relato me di cuenta de que generalmente, cuando necesito algo, por alguna razón yo exijo que el otro lo note o lo sepa sin que yo lo diga y por ende decido no pedir. Creo que es algo que hago con mucha frecuencia. Y pude ver que lo que  me enfureció -en aquel episodio específicamente- fue que  como nunca pido nada ni a mi mama, sino que aguanto y aguanto y aguanto haciéndolo todo sola mientras espero que al otro le caiga la locha de lo que yo necesito, dado que en esa oportunidad si pedí, el hecho de que no me fuera concedido fue como el colmo de los colmos.

De pronto me vi como una niña, llorando de brazos cruzados, profundamente herida y triste y encerrada en si porque se había quedado sola otra vez. Tantas veces me he sentido sola… tantas, tantas que cuando las empiezo a contar ya pierdo la cuenta. Tantas veces la he culpado a ella por sentirme sola, y he culpado a otros también: a mi esposo por ejemplo. Siempre esperando que me ayuden, que estén donde yo los necesito, que hagan lo que yo necesito que hagan por mi… siempre esperando.

            Sigo recordando, habitando esta tristeza de sentir que me dejan sola, de sentir que me quede esperando y me doy cuenta de que he resentido lo mismo hasta de algunos buenos amigos, quizá de los mejores. No quiero tratar de explicarlo porque al fin se que de nada me sirve. ¡Aleluya!. Por el contrario las explicaciones me comen el coco (me vuelven loca) y me dejan en el mismo sitio donde comencé.

         Y finalmente caigo en cuenta de que nunca pedí nada. Tantas veces esperando sin haber pedido. Tantas veces resintiendo algo de otro a quien ni siquiera le pedí, y a la vez castigándome con un dolor y una tristeza muy grandes de sentir que no contaba con esas personas; que no estaban ahí para mi. Y veo ahora como esto se constituía luego en un circulo vicioso en el cual lo que continuaba era resignarme a tener la madre que tengo, luego el esposo que elegí y los amigos que elegí. Resignarme… solo resignarme.

          Y me pregunto: ¿que es lo que siempre me quedaba esperando yo?, ¿cariño?, ¿compañía?, ¿atención?, ¿tiempo?, ¿ayuda?… y sigo preguntándome: ¿me dejaban sola?… ¿por que me exijo poder hacerlo sola?

             ¡Dios mío que culebrón!

         Dicho esto, quiero dar ¡gracias porque haya llegado este momento!, ¡bendita sea la luz!, ¡bendita la oscuridad también! porque sin la una no existiría la otra. ¡Benditas sean las preguntas!, hoy siento que he dado un paso liberador en todo el sentido de la palabra. Hasta aquí fui la que soy sin darme cuenta; al menos en lo que a esta cuestión respecta.

          Quiero pedir disculpas a mi madre por haberla rechazado sin darme cuenta, por juzgarla y exigirle cosas sin considerarla y sin pedírselas si quiera; y sobre todo por no haberla aceptado sinceramente como es. No soy nadie yo para decirle como debe ser una madre cuando ni yo misma lo se. Me corresponde reconocer además que mi madre ha sido demasiado buena madre para darme lo que yo necesitaba sin saber exactamente lo que eso era. Lo demás –a estas alturas- ya no se si llamarlo capricho. Te amo madre. Gracias por haber sido la chispa que iluminara este aprendizaje en mí.

         Quiero también pedir disculpas a mi esposo por pretender tantas veces que fuera un genio adivino de lo que yo necesitaba o quería. Igualmente lo digo: ha sido tan maravilloso que sin yo haber pedido nada me lo ha dado todo. ¡Gracias Javier, te amo!.

           A mis amigas, quizá ni se lo imaginan, quizá si, no lo se. A ellas también decirles q lo siento. Y un último lo siento para mi misma por no haberme dado la atención, el tiempo, el cariño, la ayuda ni la compañía que necesitaba. Hoy acepto mi suficiencia y la compañía de todos los que me quieren, y reconozco que “ser suficiente” no significa que debo hacerlo sola.
               GRACIAS.
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